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Historias escondidas

Relato I

La primera pareja pasaba los 50. El la traía obligada, se olía de lejos que ella no quería saber nada, que ella pensaba que esas eran cosas “sucias”. “Entrá mi amor”, le dijo el. “Dale, que acá el muchacho está acostumbrado a esto y te va a gustar”. El muchacho era yo y el Sr. no sabía que era mi primer cliente en el sex shop……”

Póngase la ropa que está en el vestidor, les va a quedar pintadita”, les dije, mientras me acordaba que el dueño del negocio me había explicado que lo más importante era que los clientes se sintieran siempre bien. “Tranquila señora, que llevo ya tiempo en esto”, le mentí a ella, cuando noté que estaba incómoda y que hubiera querido desaparecer del local.

Hasta que salieron. Disfrazados como 2 payasos con sus trajes de plástico negro. La señora parecía Gatúbela después de pasado un huracán y el señor era un Batman jubilado hace rato. “Y ahora que hacemos, m’ijo”, me preguntó ella, delatando que los 50 y pico que había imaginado eran algunos más. “Ud. quieta señora, que yo ahora muy suavecito le voy a dar unas pequeñas nalgadas con el látigo”….

“Ay !!! Pero eso duele !!!”, gritó Gatúbela. “Vos quieta, mi amor”, le gritó el señor, al tiempo que me suplicaba que le prestara el látigo para castigarla el mismo……Estuvieron jugando más de media hora, pero Batman no pudo convencerla de que se llevaran los trajes y el látigo. “Para eso ni hubieras venido”, dijo él. “Al final, me voy a tener que buscar una pendeja”, completó.

Relato II

Miraba desde afuera, como hacen muchos, muriendo de ganas de entrar y a la vez muerta de vergüenza. Sus amigas la esperaban afuera, tal vez eso le haya dado más fuerzas. Entrando podría demostrarles que ella también tenía coraje. Se acercó al único asesor libre que había (“nosotros no vendemos, asesoramos”, dijo mi jefe el primer día de trabajo), y con las mejillas rojas me preguntó: “Jovencito, disculpe, pero acá tendrán algo para una mujer de mi edad ??”

Aparentaba no más de 50, aunque me confesó que ya estaba en edad de jubilarse. Era una mujer muy interesante, de esas que a pesar de la edad hacen que los hombres se den vuelta para mirarla un poco más, no por exhuberancia física, sino porque su paso deja un bello aroma en el ambiente. Le pregunté si era para ella sola o si era para compartir con su pareja, a lo que ella me dijo, esta vez desafiante, que si tuviera con quien compartir la cama no estaría entrando a un lugar como este. Necesitaba compañía para las noches, me dijo.

Le mostré varios, de todos los colores, de todos los tamaños. Algunos silenciosos, otros musicales, pero nada la convencía. Luego de una hora de dar vuelta (ya sus amigas se habían cansado y la habían dejado sola), cuando terminaba mi horario de trabajo y veía que no iba a encontrar nada que la conforme, me atreví y la invité con un café. Dudó, pero adiviné en su mirada que solo quería que le insistiera un poco más. “¿Pero que le ocurre a Ud? ¿Tan joven y buen mozo pretendiendo tomar un café conmigo que lo duplico en edad?”, me dijo. A pesar de mi insistencia, no pude convencerla. Aunque desde ese día sigue entrando cada tanto para preguntar si no llegó ningún modelo nuevo. Estoy convencido de que solo quiere que le siga insistiendo. Tal vez algún día pueda convencerla de que acepte mi invitación………..